LA GENERACIÓN QUE CRECIÓ EN LA PROSPERIDAD

Nací en 1980; en pleno gobierno Cívico Militar, meses después de aprobarse la Constitución que hasta hoy nos rige.

En esos años, Chile comenzó a cimentar el crecimiento económico, pero también se resolvieron muchos problemas sociales y comenzó a mejorar la calidad de vida de cada unos de los habitantes. El mundo volcó su mirada a nuestro país transformándonos en poco tiempo en un ejemplo a nivel internacional. El “Milagro Chileno”, le llamaban.

Pero ¿Cuál fue el milagro?, La lógica del modelo proponía una economía de libre mercado; es decir, establecer drásticas reducciones del gasto público y de la oferta monetaria; privatización de empresas ineficientes; eliminar obstáculos para el libre emprendimiento y fomento de la inversión extranjera.

El  modelo empleado se defendía  con frases tales como: “De cada diez chilenos, uno tendrá automóvil. De cada cinco, uno tendrá televisor y de cada siete, uno tendrá teléfono”. Qué duda cabe de que todo aquello se logró con creces.

El modelo, sin entrar en temas técnicos, significó un logro fundamental para el crecimiento del País: Una disminución sustancial de la pobreza y la generación de gran movilidad social; es decir, mas personas mejoraron su estándar de vida, saltando a una mejor situación socioeconómica.

En los 80,s y 90,s, incluso luego de entregado el Gobierno Militar, todo lo que pasaba en Chile era positivo. «Chile es el jaguar de América Latina», acuñaba el diario “El Mercurio” a fines de los años 90, tras comparar el crecimiento económico que estaba experimentando el país, comparable con la conquista del mercado emprendida por Hong Kong, Singapur, Corea del Sur y Taiwán, los llamados cuatro tigres asiáticos. Dicha frase no hacía sino recoger el sentido de que Chile era excepcional, emprendedor y con un modelo de desarrollo capaz de despertar inversiones extranjeras.  Y así fue.

Mi generación vio como aparecían marcas y productos nuevos en las góndolas de supermercados; nuevas tecnologías arribaron a nuestro país y, por ejemplo, que una familia lograra comprar un automóvil, ya no era algo tan extraño.

A mi generación le tocó también observar el pool de posibilidades para ingresar a la Universidad. Ser profesional, dejó de ser una opción sólo para algunos, sino que la oferta privada en educación permitía el acceso a más jóvenes. Los Privados incluso, convencidos de su capacidad de sacar al mercado laboral a profesionales aptos, ofrecían becas cuantiosas a quienes optaran por formarse en sus establecimientos de educación superior y que tuvieran buenos resultados en la Prueba de Aptitud Académica (hoy llamada PDT), e incluso levantaron apoyos y créditos para quienes no podían pagar los aranceles completos.

Pertenezco a la generación que transitó desde la cero tecnología, donde debíamos ir a bibliotecas a leer y a estudiar, hacia a un mundo lleno de información, a sólo a un clic de distancia, lo que nos ha llevado a entender el proceso de cambios que ha vivido nuestra sociedad.

Soy parte de una generación que vivió el inicio de la prosperidad de Chile y que hoy mira con preocupación el deterioro del Estado y sus instituciones.

Y así es; hoy el modelo que nos llevó a la prosperidad, fue coartado por una clase política que no ha entendido que las grandes reducciones del gasto público fueron, sin lugar a dudas, el motor del progreso. Vemos con preocupación la creación de nuevos ministerios, inventos de nuevos cargos públicos, crecimiento del poder legislativo con más diputados, el invento de los convencionales constituyentes, delegados presidenciales y Gobernadores regionales, entre otros. Todo lo justifican diciendo que es necesario para una mejor representación; pero hasta en eso se equivocan, pues no hay modelo menos representativo que el utilizado actualmente donde, por ejemplo, hay diputados con votación paupérrima sentados en escaños, dejando fuera a personas con muchísimos más votos.

 

Vemos la indolencia del Estado día a día. Un servicio público de un “País Jaguar” debería funcionar tan eficientemente como si se tratara de un mercado privado; pero no; sigue pareciendo una tienda de los años 70.s u 80,s, lleno de burocracia, indiferencia e ineficacia. Pero cuando se trata de cobrar impuestos, es decir, lo que afecta a los ciudadanos directamente, ahí si se aplica toda la modernidad, lo que marca una grave asimetría en el trato, según si se necesita al Estado o si éste necesita a los Chilenos.

Soy de la generación que, al conocer todo el proceso vivido en 40 años, entiende y está convencido de que es fundamental ser un actor activo en los procesos de cambios y mejoras, y es por ello que, desde las comunicaciones y organizaciones civiles, he trabajado fuertemente en potenciar conceptos tales como la defensa de las libertades, reducción del tamaño del Estado, apoyo al emprendimiento, y protección del modelo económico que ha llevado a Chile al progreso y a ser, aún hasta nuestros días, un  ejemplo a nivel internacional.

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